¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?

¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?
Elena Poniatowska

¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?
Tú eres el enfrentamiento más lúcido al autoritarismo presidencial, el
enfrentamiento más lúcido a las actitudes absurdas cuando no corruptas
de las dos cámaras, el enfrentamiento más lúcido a los abusos del
poder, la denuncia más ingeniosa y persuasiva de las actitudes y del
lenguaje de los políticos, tú nos has hecho brindar contigo y sonreír
con tu Por mi madre bohemios, que tiene tantos años de vida. Tú
eres el enfrentamiento a nuestra clase política y a nuestra clase
empresarial, tú confrontas decisiones y declaraciones tramposas e
irreales y te indigna que nuestros tiempos sean los de la impunidad.

Tu mensaje esencial es el de la pérdida de majestad del poder
presidencial, tu mensaje esencial en 1985, durante los dos terremotos,
fue enseñarnos que a la hora de la desgracia podíamos organizarnos
solos y hacerlo con más nobleza y más eficacia que ninguna instancia en
dar como lo hicimos, si corríamos nosotros la suerte de todos, si
corríamos a buscar picos y palas a la tlapalería, tu mensaje fue
ennoblecernos y hacer que creyéramos en nosotros mismos, porque tú eres
la nobleza misma, el compromiso mismo, la defensa de los derechos
humanos, la indignación y el llanto en Acteal, la frase que alguna vez
exclamaste tú que jamás, jamás decías groserías: ¡Ahora sí que no tienen madre!   

¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi? ¿Cómo vamos a
entendernos? ¿Cómo vamos a comenzar el día sin tus llamadas
telefónicas? ¿Cómo sin tu risa entrañable? A todos nos dabas algo
temprano en la madrugada y amanecíamos con tus consejos, tus críticas,
tu bárbara e inconmensurable información.

Ya a las siete habías leído todos los periódicos pero también, Monsi, habías leído todos los poemas, habías analizado todas las noticias, pero también habías escrito tu “Nuevo catecismo para indios remisos”,
ya a las ocho de la mañana tenías una idea muy clara de hacia dónde se
encaminaba el gobierno, qué nueva felonía nos esperaba pero sonreías
porque habías salvado con un solo telefonazo a un gato o a un perro o a
un toro o a un niño o a una mujer o a un muchacho desbalagado en esta
vida entre el Metro Portales y el Villa de Cortés.

¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi, cómo vamos a seguir?
Nunca entendimos cómo pudiste estar en tres o cuatro lados al mismo
tiempo. Tu don de la ubicuidad abarcaba la pintura, la poesía, el
humor, la crítica, la lucha por la justicia, el amor a los demás. Tu
don de ubicuidad y tu capacidad creativa –incomprensible para mí– te
hizo recoger lo más bello de México para fundar museos y hacer libros,
porque antes que el del El Estanquillo, que todos llamamos Monsiváis,
hiciste otras colecciones, otros museos, investigaste en otros
archivos, recuperaste a Leopoldo Méndez y a todo el Taller de Arte
Popular, luchaste con ellos contra el fascismo como luchaste al lado de
los moneros, de Gabriel Vargas y La Familia Burrón, de Rius, de El Fisgón,
de Hernández, de Rocha, de Ahumada, de Naranjo, que ahorita ha de estar
mirando incrédulo la pared de enfrente, en su restirador.

Si la sociedad que se organiza, si el cine mexicano, si la trivia,
el pudor y la liviandad, si los movimientos sociales son tus grandes
temas, el Movimiento Estudiantil del 68 es el que nos atañe a todos, es
la punta de flecha del cambio que tú buscas, el de la protesta popular
y el de la resistencia civil.

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