0.0000003% (Columna del Reforma)

0.0000003%
Por Lorenzo Meyer

El problema no son las grandes fortunas privadas sino el entorno de donde surgen y operan

Los datos
 
El porcentaje que sirve de encabezado a esta columna representa la
proporción del ingreso promedio anual de un mexicano -calculado en 13
mil 200 dólares-, respecto del valor total de la fortuna actual de
Carlos Slim Helú. En ese sentido, la distancia material entre el
mexicano medio y el mexicano más rico es tan grande que puede resultar
ya disfuncional para la operación del sistema político.

Con una riqueza calculada en 53 mil 500 millones de dólares, Carlos
Slim, ingeniero civil de origen libanés y egresado de la UNAM, es el
primer latinoamericano y el primer ciudadano de un país subdesarrollado
que desbanca, al menos por ahora, a quienes tradicionalmente habían
encabezado el selecto círculo de las grandes fortunas familiares del
mundo: los multimillonarios norteamericanos, cuyas raíces se encuentran
en una sociedad económica mucho más fuerte que la mexicana.

Su posición en la tabla de los multimillonarios es un hecho lleno de
significados, pero en sí misma, la noticia no debería de sorprender.
Hace tiempo que un observador atento podía suponer que él tenía la
posibilidad de encabezar la famosa lista de los hombres más ricos del
planeta publicada anualmente por la revista Forbes (edición especial) y
que contiene los nombres y los datos de los mil 11 individuos
poseedores de fortunas superiores a los mil millones de dólares. La
simple proyección de las cifras de acumulación del ingeniero Slim en
los últimos tiempos y en particular en el último año -mil 541 millones
de dólares por mes, en promedio, según Forbes- casi aseguraba que en
algún momento podría llegar a ser "el número uno".

 
 
Razones
 
 
La explicación inmediata de que un mexicano ocupe el primer lugar en la
lista de Forbes se debe al aumento en el valor de las acciones de sus
alrededor de 200 empresas que constituyen su imperio económico, en
particular de América Móvil y del banco Inbursa. Sin embargo, ese
primer lugar también se explica por el desprendimiento de una parte
sustantiva de sus fortunas de quienes antes habían estado
sistemáticamente por encima de él: los norteamericanos Bill Gates y
Warren Buffett. Ambos decidieron devolver en grande a la sociedad lo
que esa sociedad les dio, y han donado parte sustantiva de sus fortunas
a obras filantrópicas. Sin esa transferencia de recursos a fundaciones
filantrópicas, Slim seguiría en el tercer lugar entre los acaudalados
del mundo.

 
 
Significado
 
 
Por lo menos desde la época colonial, la mexicana ha sido una sociedad
muy desigual, pero quizá hoy, justo cuando celebramos el bicentenario
del inicio de la guerra de independencia y el centenario de una
revolución social, lo sea aún más. En la segunda mitad del siglo XVIII,
según cálculos aproximados, la fortuna personal más importante de la
Nueva España era la de un minero español, Pedro Romero de Terreros
-personaje al que sus trabajadores intentaron matar a pedradas en
1766-, y que gracias a ella consiguió el título de Conde de Regla. Esa
fortuna, producto de la explotación de la plata en Real del Monte,
podría haber llegado a representar entre el 3 y el 5 por ciento del PIB
de la época. Hoy, la suma en que Forbes calculó la riqueza del
ingeniero Slim equivale al 6.17 por ciento del PIB mexicano (866 mil
300 millones de dólares en 2009).

 
 
Problema
 
 
El asunto que debería debatirse en México no es la fortuna de Slim por
sí misma, sino la naturaleza del entorno social de donde surgió; un
entorno donde la mayor acumulación de riqueza personal del mundo
coexiste en medio de una enorme masa de pobres -oficialmente, casi la
mitad de los más de 105 millones de mexicanos caen dentro de alguna de
las categorías de la pobreza. Pero no sólo eso, sino también que
acumulación tan sorprendente ha tenido lugar en una economía que desde
la gran crisis de 1982 perdió su vitalidad y no la ha vuelto a
recuperar. Las cifras apuntan a que la riqueza de Slim está creciendo,
como ya se señaló, a un ritmo anual de más de 18 mil millones de
dólares pese a que la economía mexicana decreció en 6.8 por ciento en
el mismo periodo. Es verdad que parte de su capital se encuentra ya en
el exterior, pero el grueso fue hecho aquí y sigue aquí.

En un estudio ya clásico, Precios del maíz y crisis agrícolas en México
(1969), el historiador Enrique Florescano mostró que justamente en
periodos de depresión económica, cuando por malas cosechas el grueso de
la sociedad novohispana la pasaba muy mal, quienes tenían el capital
para monopolizar el grano y controlar sus precios prosperaban aunque
causando problemas a la paz social. Es incluso posible afirmar que esa
combinación de mala fortuna para los muchos en periodos de depresión
pero buena fortuna para los muy pocos en la misma coyuntura fue una de
las causas del resentimiento social que finalmente estalló en 1810.

Por otra parte, hay que reconocer que, a diferencia de muchos casos de
acumulación extraordinaria de capital en el pasado o en el presente de
nuestro país, la del ingeniero Slim ha mostrado ser resultado de
acciones dentro de la legalidad vigente. Aquellos que han abordado "el
fenómeno Slim" toman como variable explicativa principal su gran
capacidad para seguir puntualmente las reglas del sistema y encontrar
cómo hacerlas trabajar al máximo en su favor. A partir de la crisis del
antiguo modelo económico centrado en el mercado protegido, el ingeniero
Slim en vez de sacar su capital de México, como sí lo hicieron muchos
otros empresarios, lo mantuvo en el país y lo dedicó a tomar el control
de algunas de las empresas quebradas, las volvió rentables y luego las
vendió con una gran ganancia. Se trató de una vía tan arriesgada como
apegada a las reglas del sistema. Sin embargo, el gran momento y salto
cualitativo del empresario y su método ocurrió cuando el gobierno de
Carlos Salinas decidió, como parte de su "gran diseño", privatizar a
Teléfonos de México en diciembre de 1990. Slim y sus socios extranjeros
hicieron una oferta pública, Salinas la aceptó y Telmex pasó de
monopolio estatal a privado, pues su marco legal le permitió fijar por
un tiempo las tarifas sin tener que enfrentar competencia. Ahora bien,
el que Telmex posiblemente haya sido adquirido a una fracción de su
valor -1,757.6 millones por algo que se dice, valía alrededor de 8,500
millones (Milenio, 12 de febrero, 2009)- es algo que, finalmente, debe
justificar el vendedor, no el comprador. En principio el monopolio ya
se acabó, pero es un hecho que hoy las empresas de comunicación de Slim
mantienen un cuasimonopolio que no tiene contraparte en otros países.

 
 
La falla está en el sistema
 
 
La política, señaló Harold Lasswell en 1935, se puede definir de una
manera muy simple: "Quién consigue qué, cómo y cuándo". Las condiciones
de la venta de Telmex por el Estado mexicano son un caso de libro de
texto sobre el significado profundo de la política. Por tanto, a quien
habría que pedirle la explicación sobre ese hecho y lo que ha
significado para nuestra economía en los últimos 20 años, no es al
ingeniero Slim, que simplemente siguió los lineamientos, sino a quien
diseñó el esquema: a Salinas.

La racionalidad de Salinas y sus tecnócratas para entregar Telmex y
otras grandes empresas, como los bancos, a empresarios privados,
incluía, entre otros, los siguientes elementos. Primero, darle a su
gobierno recursos para poner en marcha el programa de Solidaridad, un
esquema de naturaleza populista que debía servir para crear o reforzar
las bases sociales de la Perestroika sin Glasnost mexicana, es decir,
para transformar la economía según los principios neoliberales, pero
sin democratizar la política. También buscaba crear un poderoso grupo
empresarial que arropara al salinismo en el futuro. Por otro lado, la
legitimidad de esta política requería hacer evidente que la empresa
privada era mucho más eficiente que la estatal. Por ello, con su
posición privilegiada, Telmex expandió y modernizó sus servicios de
manera notable, lo que justificó su privatización. Finalmente, se dijo,
era necesario favorecer desde el gobierno la creación de empresas
privadas mexicanas de grandes dimensiones pues sólo así podrían
competir con éxito en el brutal mundo del TLCAN y de la globalización.

 
 
Consecuencia
 
 
La principal, y que tiene múltiples efectos fiscales y económicos, es
la existencia de un grupo económico de interés y de presión
desproporcionadamente fuerte, por lo que difícilmente puede ya ser
controlado por un Estado -supuesto representante del interés general-
cada vez más débil. Ese problema está o es hoy el corazón de la
política mexicana: quién consigue qué, cómo y cuándo. Así de simple y
así de complejo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s