¿Constitución mata ciencia?

¿Constitución mata ciencia?

Posted: 03 Mar 2010 06:05 AM PST

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

Publicado en
Milenio Diario, 3 de marzo de 2010

Por
más esfuerzos que se hacen, la antigua y obsoleta división de la
cultura, que es una, en “las dos culturas”, científica y humanística
–denunciada por el físico y escritor inglés C. P. Snow en su clásico del mismo título allá en 1959– es difícil de erradicar.

El pasado viernes 26 de febrero La Jornada dio
la mala noticia de que, seguramente con motivo de los festejos del
bicentenario de la Independencia y el centenario de la revolución, las
altas autoridades de la UNAM han decidido cerrar el Museo de la Luz, en el Centro Histórico de la ciudad de México, para convertirlo en un “museo de la constitución”.

Se
trata, creo, de una decisión equivocada; probablemente poco informada.
El Museo de la Luz, uno de los pocos espacios dedicados a la cultura
científica en nuestro país, no es sólo un museo de ciencia: en él el arte y la historia tienen también su espacio.

Ocupa
un edificio de gran prosapia: el Ex-Templo de San Pedro y San Pablo, en
la esquina de las calles de San Ildefonso y Carmen, lugar donde en 1822
se reunió el Congreso Constituyente que el 4 de octubre de 1824
promulgó la primera Constitución
de nuestro país (de ahí la propuesta de legisladores y abogados
constitucionalistas de transformar el recinto en un museo de la
constitución). Posteriormente tuvo una historia turbulenta: fue biblioteca, colegio militar, cuartel, almacén de forraje, cabaret y escuela.

El bello edificio, completamente restaurado durante la creación del Museo de la Luz, cuenta con murales y vitrales de Roberto Montenegro
y otros artistas. El museo permite a los aproximadamente 100 mil
visitantes que acuden cada año conocer el fenómeno de la luz en sus más
diversas facetas:
como fenómeno físico, como fuente de energía para todo el reino
viviente, como nuestra ventana al mundo y al universo, como componente
básico de las artes plásticas y escénicas… En su creación participaron
especialistas científicos, humanistas y artistas del más alto nivel,
coordinados por la destacada física mexicana Ana María Cetto.

La
UNAM invirtió considerables recursos y esfuerzo en este exitoso museo,
único en el mundo por su temática. Sería una pena que, con casi 15 años
de historia, se perdiera por una anacrónica pugna entre ciencias y
humanidades. Si duda, un museo de la constitución es un proyecto
valioso, pero no al costo de destruir algo como el Museo de la Luz.

Esperemos
que todavía haya tiempo (el cierre del museo está anunciado para junio)
de reconsiderar la decisión y buscar otro espacio para alojar el nuevo
museo. La comunidad científica seguramente se manifestará al respecto.
Ojalá que, en vez de que la cultura humanística derrote a la
científica, ambas puedan cooperar para ofrecer a los ciudadanos más, y
no menos. Ojalá que la luz no se apague en el Centro Histórico.

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