Cuauhtémoc (Columna del Reforma 26/mar/08)

Cuauhtémoc

Por: Sergio Aguayo Quezada

 
 
Cuauhtémoc Cárdenas condenó por escrito el "desastre", la "degradación", el "lodazal" en la elección de dirigentes del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Es un texto notable porque revela las fortalezas y debilidades del autor y del partido.

En 1986 Cuauhtémoc se rebeló contra la forma como el PRI elegía al candidato a Presidente. En 1988 buscó la Presidencia y padeció un fraude monumental que Miguel de la Madrid justifica en sus memorias de la siguiente manera: Cárdenas representaba el pasado, "los cardenistas [mostraban] una tendencia creciente a la violencia" y al "rompimiento de la paz social" y "sólo el Partido Revolucionario Institucional [tenía] los cuadros necesarios para promover la renovación del país" (Cambio de Rumbo, Fondo de Cultura Económica, 2004). Ideas que bien podría firmar Vicente Fox.

A diferencia de José Vasconcelos, Juan Andreu Almazán y Miguel Henríquez Guzmán (los derrotados en las presidenciales de 1929, 1940 y 1952), Cárdenas perseveró después de la derrota y en el 2004 publicó un texto que sintetiza el aporte que hizo a una transición democrática pacífica. "Después de varios meses de protestas y fuertes movilizaciones por distintas regiones del país, habiendo echado mano de todos los recursos legales tratando de revertir el fraude, la salida que se encontró como más viable en el Frente Democrático Nacional fue la de llamar a formar una organización política que pudiera alcanzar la capacidad necesaria para llevar a cabo los cambios que el país estaba reclamando. De esa decisión nació, poco después, el Partido de la Revolución Democrática" (La Jornada, 2 de abril de 2004). Para derrotar al ogro burocrático la izquierda debía transformarse en institución.

Esos antecedentes permiten apreciar mejor el duro mensaje dirigido por Cárdenas a los miembros del PRD el pasado 21 de marzo. Comprensible su indignación por el "quebrantamiento sistemático de las normas estatutarias" y el "rompimiento absoluto de todo principio ético". Razonable la descalificación que hace de la "práctica cotidiana de los grupos e individuos con mayor peso relativo en la vida interna del partido". Lógico su llamado a la "anulación de elecciones" y a la "renovación", el "renacimiento" y la "regeneración".

Es una lástima que el texto tenga varios flancos débiles. El primero es la distancia que Cárdenas pone frente a los miembros del PRD. Desde el primer párrafo escribe en tercera persona del plural. Dice a los integrantes del PRD que si "realmente quieren contar con un partido político" entonces deben hacer x, y, z. ¿Se está excluyendo del parto? Adopta el estilo del analista que opina sobre las luchas de un partido del cual no forma parte y cuyas ideas tienen el peso que otros quieran darles.

Es un tono impropio para quien fundó un partido del cual sigue formando parte. Resulta incomprensible porque durante la contienda que condena la corriente de la cual forma parte respaldó a uno de los candidatos, Jesús Ortega. En consecuencia, Cárdenas está metido en un conflicto de interés que sólo se hubiera resuelto de haber hecho explícita su posición.

En buena medida por el resbaladizo terreno que pisa, Cárdenas se refugió en ambigüedades lingüísticas tan comunes en nuestra cultura política. Sus críticas a "dirigencia, grupos o individuos" son demasiado genéricas para ser efectivas. No quiso personalizar porque eso le hubiera llevado a dar su opinión sobre Andrés Manuel López Obrador y sobre esas diferencias en estrategia que están partiendo al PRD. Por cierto, López Obrador también practica el arte de la fuga porque ha optado por el denso silencio en un conflicto del cual también forma parte. Nadie mejor que esa pareja de dirigentes para opinar sobre la relación entre liderazgos carismáticos y la construcción de instituciones.

Finalmente, a la propuesta de Cárdenas le hace falta enmarcarse en la realidad mexicana. De poco servirá una refundación del PRD si no se modifica el espacio en el cual operan partidos metidos en una crisis sistémica. Todos ellos han sido afectados por el efecto corruptor de prerrogativas multimillonarias y salarios públicos exorbitantes. Si el PRD quiere renovarse, tendrá que plantearse una remodelación de la cultura política.

Hay partidos como el PAN, el PRI y el Verde que se sienten cómodos con el orden actual. Lo mismo podría decirse de una fracción del PRD. Dicho esto, al interior del principal partido de la izquierda siempre ha existido un núcleo fuerte que aboga por una combinación de principios y eficacia. Además de los trabajos de la comisión que encabezara Samuel del Villar, en el 2002, estaría el documento autocrítico presentado por la Comisión Organizadora del Congreso Nacional perredista en septiembre del 2007. Ésos y otros textos acumulan el polvo mientras la energía de quienes lo dirigen se ha dedicado a disputar cargos y presupuestos.

El PRD enfrenta retos enormes. Si quiere revitalizar su relación con aquellos sectores de la población que dice representar debe cubrir simultáneamente los frentes interno y externo. Si su agenda es tan compleja es por la cantidad de inercias y contradicciones que arrastra. Una de ellas es la relación entre el peso de unos cuantos individuos en la vida de las instituciones. Cuauhtémoc acierta con esas críticas que desafortunadamente pierden fuerza porque el mismo documento tiene partes ancladas en el pasado. López Obrador le responde con un mutismo inaceptable. Sí, están en crisis.

 
 
La miscelánea
 
En el PAN también arrastran vicios del pasado. Felipe Calderón se erige en nuevo apóstol del árbol y anuncia que su gobierno plantará centenares de millones de árboles. Para proteger los arbolitos nombró a un ignorante como procurador federal de Protección al Ambiente. Para responder a las críticas por su falta de conocimientos, Patricio Patrón Laviada se refugió en la sabiduría popular. En entrevista para El Universal (19 de marzo del 2008) admite que nunca terminó la preparatoria. Es un alivio saber que tiene "50 licenciaturas en diversas áreas que me ha dado la experiencia en el servicio público". Este egresado de la Universidad de la Vida es tan polifacético que bien podría ser considerado como nuevo entrenador de la Selección Nacional de futbol. Tampoco ganaría ningún trofeo pero los dueños del deporte más popular de México se asegurarían la buena voluntad del presidente Calderón quien, según consta en actas, sí terminó la licenciatura.

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