Sobre Savater…

Agrego esta pequeña columna de Reforma con motivo del doctorado honoris causa que le otorgó la UNAM a Fernando Savater.
En lo personal, Fernando Savater es uno de mis pensadores preferidos °_°, ¡es un excelente divulgador de la filosofía!.
 
Afortunadamente voy a poder verlo mañana en una conferencia en el teátro Juan Ruiz de Alarcón en el centro cultural de la UNAM .
 
En fin, les dejo la columna y recomiendo ampliamente la lectura de las obras de Savater.
 
"Si no somos insignificantes, si lo que nos caracteriza es la libertad y lo que nos condena es la necesidad, la verdadera locura consiste en dejar de cabalgar y echarse a morir".      Savater
 
 
Ximena
 
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Un filósofo inteligible
por Guadalupe Loaeza
 

Dicen los que conocen a Fernando Savater que últimamente se le ha visto un poquito melancólico, y eso que siempre ha sido un hombre sumamente alegre; un hombre a quien le encanta conversar, viajar, aprender de los demás; leer, las carreras de caballos, pero sobre todo, trasmitir sus enseñanzas. Y es que Savater tiene tanto que decir. Basta con abrir cualquier página de cualquiera de sus 50 libros para que de inmediato el lector se tope con alguna frase que inevitablemente invita a la reflexión. No, no exagero. Por ejemplo, si abro su más reciente obra, La vida eterna (Editorial Ariel), en la página 255 leo: "Si no somos insignificantes, si lo que nos caracteriza es la libertad y lo que nos condena es la necesidad, la verdadera locura consiste en dejar de cabalgar y echarse a morir". He allí una imagen que aterra pero si seguimos leyendo, de pronto nos sentimos reconfortados gracias a la recomendación que hace el autor en este mismo capítulo titulado: "Don Quijote y la muerte". Él nos dice que nunca aceptemos morir "de simple renuncia a vivir como humanos, víctimas de la enfermedad del ‘no hay más remedio’", igualmente nos advierte de la letal melancolía, "porque tal dimensión es la verdadera locura, la locura sin enmienda ni perdón, la locura cuya verdad no miente pero nos desmiente y aniquila". Más adelante, el filósofo nos regala un consejo para que no nos dejemos aniquilar por esa locura: "Para negarnos a la muerte, hay que elegir una empresa, una cruzada, un propósito que se quiera invulnerable y que nos haga deambular sobre la faz de la tierra -a nosotros que nos sabemos mortales, que lo único cierto e inapelable que conocemos es nuestra mortalidad irrevocable- como si fuésemos inaccesibles a la muerte". Sí, para aquellos que estamos enamorados de la vida y de todo lo que ella nos da, deseamos ser completamente inaccesibles a la muerte. "Prohibida la entrada", debería decir un letrero que lleváramos pegado en la frente. De hecho, es la consigna de Savater, porque como todo el mundo sabe, desde hace muchos años empezó a escuchar pasos en la azotea, es decir, se sabe amenazado por los terroristas de ETA; de allí que en su libro arriba mencionado reflexione, además del sentimiento de lo religioso y las religiones, a propósito de la muerte, un tema que últimamente lo obsesiona. "Nos cuesta mucho esfuerzo mítico reconciliarnos con la muerte… y siempre se trata de una reconciliación relativa, un mero apaño".

Pero hablemos mejor de la vida, de la vida que provoca la extensísima obra de este entrañablísimo filósofo español. Hoy, a las once de la mañana en el Palacio de Minería, el Consejo Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México conferirá el grado de Doctor Honoris Causa a Fernando Savater, ya que "Pocos pensadores contemporáneos han reflexionado acerca del papel de la moral como manera de estar en un mundo como el nuestro; para Savater, el ser humano no es una descripción biológica, sino también un proyecto cultural y, si se quiere, filosófico; después de nacer del útero materno, el ser humano nace en el útero social y se construye como humano por medio del lenguaje, de la socialización, de la ética. Estas reflexiones y su importante trayectoria como educador, filósofo y activista lo han consolidado como uno de los más importantes y lúcidos humanistas de nuestro tiempo". He aquí lo que dice la invitación para asistir a este homenaje tan merecido. Hay que decir que también hoy lo recibirán personalidades como: Leopoldo García-Colín (fundador y principal promotor de la Física Estadística en México), Juliana González (filósofa y estudiosa de las ciencias genómicas), Ricardo Lagos (ex presidente de Chile), Ricardo Miledi (distinguido neurobiólogo), Nélida Piñón (primera mujer en presidir la Academia Brasileña de las Letras) y Giovanni Sartori (reconocido mundialmente como precursor de la ciencia política moderna).

Volvamos con el heredero del "prohibido prohibir", regresemos con este pacifista que está contra el terrorismo del País Vasco, este miembro de "¡Basta Ya!", asociación que recibió del Parlamento Europeo el Premio Sajarov a la defensa de los derechos humanos, contemos una anécdota de este hombre tan generoso, tan sabio y tan todo. Allí tienen ustedes que con muchos esfuerzos y gracias a la intervención de mi amiga Angelina Peralta, Fernando Savater me concedió, no obstante su agenda tan saturada, una entrevista con motivo de la publicación de su libro Los diez mandamientos del Siglo XXI (Editorial Random House Mondadori, Debate). La cita era en el piso 19 del hotel JW Marriot en Polanco. Junto con el fotógrafo de nuestro periódico, llegamos a la hora. Por mi parte, me encontraba particularmente nerviosa; seguramente se debía a que esa noche no había dormido ni una hora por leer por segunda vez el maravilloso libro de Savater. Quería que la entrevista saliera lo más profesionalmente posible, ya que me habían dado un espacio muy importante en el suplemento Enfoque. Llevaba mis preguntas escritas. Cuando llegamos el filósofo ya se encontraba esperándonos. Después de saludarnos como sí hubiéramos jugado a las canicas de niños, así de sencillo y adorable es Savater, empezamos con la entrevista. "¿Cuál es la vigencia que tienen los 10 mandamientos? ¿Siguen siendo una guía ética y moral para la sociedad a pesar de todos los cambios que ha sufrido? ¿Por qué recurres a tanta ironía cuando hablas de cada uno de ellos?", le preguntaba muy seria. La entrevista se desarrollaba perfectamente bien, el autor me hablaba de cada mandamiento con mucha elegancia, dando su explicación histórica y haciendo observaciones sumamente agudas. Yo estaba encantada, me encontraba frente a un hombre totalmente agnóstico pero de una sabiduría universal apabullante. Mientras tanto el fotógrafo no dejaba de retratarnos. Al cabo de casi dos horas, dimos por terminada la entrevista. Savater y yo, acabamos íntimos. Le dije gracias tantas veces, que creo que hasta lo mareé. Por último le propuse al fotógrafo que oyéramos el primer casete de la grabación. La pusimos y… nada… No se oía nada. Pusimos la segunda, y… nada… No se oía nada. "Creo que no se grabó, señora", dijo el compañero. Volvimos a insistir… y nada. En efecto, la entrevista no se había grabado nada, absolutamente, nada. Me quise morir. No sabía qué hacer. Fue el mismo Savater que me tranquilizó con toda su generosidad y me dijo que a él también le había sucedido lo mismo como periodista con un escritor muy famoso. Esto me lo dijo mirándome con sus enormes anteojos tan característicos de armazón azul claro.

Lo que puedo decir es que esa entrevista tan genial la grabé en mi corazón, y ésa sí que nunca la borrará ni el tiempo, ni un apagón, ni mucho menos el olvido.

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