“Mujer que sabe latín” por Ximena Gutiérrez V.

Hace unas semanas leí el ensayo "mujer que sabe latín" de R. Catellanos, es un libro que me gustó bastante.Se los recomiendo y les pongo aquí un pequeño comentario de lectura que escribí:
 
  • Elección de la obra

Una de las razones por las que elegí  “Mujer que sabe latín” es porque no había tenido la oportunidad de leer ninguna obra de Rosario Castellanos. Decidí iniciar con este ensayo para averiguar como una de las escritoras mexicanas más sobresalientes del siglo XX aborda el tema del feminismo. 

 

Hoy en día el feminismo es un tema que se debate ampliamente, sin embargo hace treinta años (que es la época en que se publicó la obra) no era  tan común que se analizara la condición de la mujer en la sociedad mexicana. Estudiar uno de los ensayos mexicanos que profundizan en el concepto de lo femenino y compararlo con la perspectiva actual son elementos que le agregaron interés a la lectura de “Mujer que sabe latín”.

 

 

  • Ideas principales

La autora realiza, desde los primeros capítulos, contundentes afirmaciones. Establece, por ejemplo, que la belleza femenina es un ideal que impone el hombre y lo impone con la finalidad de dejarla en desventaja, es decir, que los requisitos que se deben cumplir para ser “bella” sirven en realidad para debilitar a la mujer.

 

En el texto se presentan diversas situaciones que ejemplifican lo anterior y sirven para asimilar el concepto:

“… No todas tienen la etérea condición que se les supone. Y entonces es preciso disimular la abundancia de carne con fajas asfixiantes; es preciso eliminarla con dietas extenuadoras. Sexo débil, por fin la mujer es incapaz de recoger un pañuelo que se le cae, de reabrir un libro que se le cierra, de descorrer los visillos de la ventana al través de la cual contempla al mundo. Su energía se le agota en mostrarse a los ojos del varón que aplaude la cintura de avispa, las ojeras, la palidez que revela un alma suspirante por el cielo, el desmayo de quien no soporta el contacto con los hechos brutales de lo cotidiano.

Las uñas largas impiden el uso de las manos en el trabajo. Las complicaciones del peinado y el maquillaje absorben una enorme cantidad de tiempo y, para esplender, exigen un ámbito adecuado…”[1]

 

Por otro lado, se analiza también el desarrollo de la moral a la que han estado sujetas las mujeres. Evidentemente ha sido una evolución distinta a la moral que rige al sexo masculino. Para explicar esta distinta evolución el ensayo plantea que la razón por la que se elaboró una moral muy rigurosa para el sexo femenino es para preservar su ignorancia.

 

 Lo anterior nos da una idea de la represión por parte del aparato social y nos lleva a conclusiones como la de que todo intento de la mujer por salirse de esas normas sociales o de descubrirse a sí misma es duramente castigado. Por lo tanto, no resulta difícil comprender porque el “ideal femenino” se basa en la pureza prenupcial, la fidelidad, recato, abnegación, etc.

 

Entre los puntos que se tocan más adelante en el ensayo hay dos que me gustaría resaltar pos su familiaridad y vigencia en la sociedad actual: la soltería y la virginidad.

 

La autora afirma que la soltería todavía representa en nuestra cultura aislamiento y frustración sexual-social, por lo que muchas mujeres al no poder evitar el miedo a  la soledad y a ser juzgadas como “solteronas”  terminan renunciando a actividades que les apasionan para casarse.

 

Me sorprendió que la  reacción descrita en el ensayo ante la soltería, prevalece casi intacta en nuestros días. Sin embargo, más allá de estas actitudes, Rosario Castellanos plantea una posibilidad: “¿y si a la soltera le tocó en suerte estar sola?, ¿Por qué no disfrutar, al menos, de las ventajas de la soledad?”.[2]

 

 

 

La autora describe así, la reacción de la sociedad mexicana ante la soltería:

“…porque no se elige ser soltera como una forma de vida sino que, la expresión ya lo dice, se queda una soltera, esto es, se acepta pasivamente un destino que los demás nos imponen. Quedarse soltera significa que ningún hombre consideró a la susodicha digna de llevar su nombre ni de remendar sus calcetines. Significa no haber transitado jamás de un modo de ser superfluo y adjetivo a otro necesario y sustancial. Significa convertirse en el comodín de la familia.”[3]

 

En cuanto a la virginidad, el ensayo arroja una pregunta que considero sintetiza en buena parte la controversia que circunda al tema: ¿La elección de ser virgen es realmente libre o es sólo para seguir la corriente de opinión?

 

A lo que la autora, haciéndonos notar lo obsoleto que resultan algunos símbolos de castidad y pureza, hábilmente responde:

“Tengamos el valor de decir que somos vírgenes porque se nos da la real gana, porque así nos conviene para fines ulteriores o porque no hemos encontrado la manera de dejar de serlo… Pero, por favor, no sigamos enmascarando nuestra responsabilidad en abstracciones que nos son absolutamente ajenas como lo que llamamos virtud, castidad o pureza y de lo que no tenemos ninguna vivencia auténtica.”[4]

 

Los capítulos restantes del ensayo exponen la vida, obra o anécdotas de mujeres de distintas épocas. También se incluyen relatos autobiográficos de la autora.

 

Dentro de las exponentes femeninas de las que hace mención el libro se encuentran: Sor Juana Inés de la cruz, Virginia Woolf, Isak Dinesen, Simone Weil, Natalia Winzburg, Silvina Ocampo, Doris Lessing, Ivy Compton-Burnett, Agatha Cristie, entre otras. En todos los casos se explican las circunstancias en que estas mujeres tuvieron un acercamiento con la literatura y el oficio de escribir. En “notas al margen” la autora nos relata su acercamiento personal a la escritura y algunas otras curiosidades, por ejemplo, sus libros favoritos.

 

  • Valoración de ciertos aspectos

El tema principal analizado en el ensayo (el feminismo) y la elocuencia con la que la autora escribe, son aspectos que me resultaron muy favorables. También me gustó el hecho de que a pesar de que los argumentos contenidos en la obra son tenaces, certeros y muestran en muchos casos una realidad que desilusiona, la escritora adopta un estilo sarcástico, y a veces burlón, para referirse a ellos. En algún momento del ensayo Rosario Castellanos justifica lo anterior así:

“Yo sugeriría una campaña: no arremeter contra las costumbres con la espada flamígera de la indignación ni con el trémolo lamentable del llanto sino poner en evidencia lo que tienen de ridículas, de obsoletas, de cursis y de imbéciles. Les aseguro que tenemos un material inagotable para la risa. ¡Y necesitamos tanto reír, porque la risa es la forma más inmediata de la liberación de lo que nos oprime, del distanciamiento de lo que nos aprisiona!”.[5]

 

Otro aspecto que considero positivo es que en el texto se incluyen cifras y datos estadísticos sobre la diferencia numérica entre hombres y mujeres en las instituciones de educación, y esto complementa a las afirmaciones hechas en el ensayo (como la de que las mujeres no obtienen el mismo crédito ni las mismas oportunidades que los hombres al estudiar una carrera universitaria).

 

El aspecto que no valoro del todo favorable es que desde el primer capítulo el ensayo inicia haciendo reflexiones, sentencias, análisis, hipótesis sobre el comportamiento y situación social del sexo femenino, pero en los capítulos posteriores hay una aparente discontinuidad pues se dedican a describir anécdotas de distintas mujeres sobresalientes. Las últimas secciones están dedicadas a relatos autobiográficos.

 

La razón por la que el conjunto de textos en “mujer que sabe latín” me pareció un tanto inconsistente, no es porque no sean buenos e interesantes capítulos o porque no tengan relación alguna con el tema principal, sino porque el libro empieza haciendo observaciones sobre la condición de la mujer y el feminismo y es fácil pensar que se va a seguir esta línea durante todo el ensayo, sin embargo la segunda mitad de la obra abarca el análisis y relato del acercamiento a las letras y a la cultura de personajes femeninos específicos.

 

  • Valoración final

“Mujer que sabe latín” es un ensayo que me sorprendió no sólo por la temática sino por la validez que posee a pesar de haber sido escrito años atrás. Fue revelador e interesante descubrir las connotaciones e implicaciones sociales que hay detrás de los símbolos o frases que usamos en la vida diaria. Por ejemplo el matrimonio, la soltería, el maquillaje, cierto tipo de vestimenta (por citar sólo algunos casos).

 

Además de las observaciones, investigación y análisis que hace la autora sobre el tema, resultan importantes las alternativas que propone: formar un espíritu crítico difundirlo y contagiarlo, utilizar la risa o la burla como arma para acabar con dogmatismos ridículos; A pesar de ser una obra que denuncia las desventajas sociales del sexo femenino no cae en radicalismos. Rosario Castellanos reconoce que la imagen del hombre no tiene que ser necesariamente la de un ogro o la de un santo. “Los hombres no son nuestros enemigos naturales, nuestros padres no son nuestros carceleros natos. Si se muestran accesibles al diálogo tenemos abundancia y variedad de razonamientos.”[6]

 

Finalmente, el ensayo Mujer que sabe latín de Rosario Castellanos, nos recuerda que hay una lucha pendiente para acabar con tantos preceptos e imposiciones sociales que mantienen a la mujer atada y aunque son evidentes los avances logrados, es imposible afirmar que en nuestra actual sociedad existe una justa igualdad de condiciones entre géneros.


[1] Mujer que sabe latín, Rosario Castellanos. p.12

[2] Mujer que sabe latín, Rosario Castellanos. p.33

[3] Mujer que sabe latín, Rosario Castellanos. p.32-33

[4] Mujer que sabe latín, Rosario Castellanos. p.38-39

[5] Mujer que sabe latín, Rosario Castellanos. p.38

[6] Mujer que sabe latín, Rosario Castellanos. p.37

 

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Una respuesta a “Mujer que sabe latín” por Ximena Gutiérrez V.

  1. Fabiola Maldonado V. dijo:

    Es un gusto visitar la web y encontrar tan interesantes opiniones, mujeres valerosas y abiertas a las posibilidades han contribuído a romper los tabúes de nuestra sociedad, gracias a todas por ser motivo de inspiración.

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